ReaJharel's profileTras el velo de la luna ...BlogLists Tools Help

Blog


    April 18

    El acantilado y la muerte...

      

    Estaba sentado en el acantilado, con la vista en algún lugar de las estrellas, y su pensamiento se perdía en ellas.

    Llevaba "vivo", por llamarlo de alguna manera, más de quinientos años, aunque su memoria cambió el origen de su nacimiento al año de nuestro señor 1108, cuando fue convertido en vampiro en contra de su voluntad.

     

    El mar se estrellaba a unos veinte metros por debajo de sus pies y Jharel, o Argos, o quienquiera que fuese antes de todo eso, esperaba...

     

    Imágenes de toda su vida danzaban delante de sus ojos. Momentos para recordar, y otros para olvidar.

    Recordaba vagamente a sus hijos mortales, su vida humana, los días bajo el sol. Días felices, quizá, como los que pasó en una extraña cabaña, en medio del bosque, junto a Sybil, la que prefirió aceptar la vida "finita" que poseía en lugar de la eterna oscuridad.

     

    Hacía horas que la hoguera se había apagado, pero no sentía frío. No sentía nada...

    Para él, la existencia era un juego. Su juego. Donde vivía aventuras, exploraba los lugares más recónditos del mundo y donde cumplía una función.

    Pero ya no era así...

     

    En las últimas semanas, su juego había derivado en un victorioso ataque contra su persona, y lo que es peor, eso había provocado la captura, y posible tortura o incluso muerte, de su más fiel amigo. Cedric, el maestro del violín, un error imperdonable que no debería haber ocurrido jamás.

     

    La culpa le corroía, y el cansancio...

    Cansancio.

    Puede que esta vez más que nunca, entendiera esa palabra. El cansancio de su espíritu...

    Mientras él intentaba encontrar a Cedric sin el menor éxito, una guerra en las sombras estallaba por toda Europa guiada por una mano invisible, al igual que antaño.

    Iba a haber sangre, mucha; y no se veía tan seguro de poder con todo. No se veía capaz de proteger a la gente que apreciaba, no se le ocurría por donde empezar...

     

    Rea... Ojalá pudiese sacarla de todo esto, pero parecía que ella era, precisamente, una de las partes realmente implicadas. Su padre quería matarla, su antiguo amor casi lo consigue, y sus nuevos enemigos preparan el siguiente ataque.

     

    Sus cartas habían sido un bálsamo todo este tiempo. Había recordado la importancia de las palabras, y descubierto que hay lazos extraños como el mundo. Por no hablar de esa misteriosa "fuerza" que les unía en la noche, con sus incomprensibles señales...

     

    Y allí, envuelto en su gran capa negra, inmóvil mientras el viento apartaba los oscuros cabellos de su pálida tez, pensó en ella: ¿Donde estaría ahora? ¿Por qué no había llegado aun su carta? ¿Estaría bien?... Sí, de no ser así el lo habría sabido al instante, estaba seguro... ¿Lo sabría ella en caso contrario? Suponía que sí, y se odió por lo que estaba a punto de hacer.

     

    Mientras el cielo adquiría un tono purpúreo pensó en la caja que había dejado encima de su mesa; Hermes haría que llegase hasta ella. Dentro había una disculpa, hábilmente escrita, como a ella le gustaba...

    Había también un libro, escrito por él; contenía direcciones, nombres de vampiros y humanos de diversas ocupaciones, datos de interés y localizaciones de lugares inencontrables. Otro libro debajo, escrito en piel de distintas procedencias por muchos autores, con hechizos y sortilegios útiles.

    Y por último, el puñal de la Lluvia Eterna, con el que había sido herido un tiempo antes, y todas las cartas que ella le había enviado, para que las guardase junto a las suyas, a salvo del tiempo.

     

    Pensó en el futuro de lo que podría haber sido todo, de no haber guerra; de no ser uno de los principales objetivos; de no traer la desgracia a quien estaba cerca de él; de no haber perdido tanto de si mismo, pero lo desechó de inmediato. La noche daba paso al amanecer...

     

    Permaneció inmóvil mientras los primeros rayos de sol tocaban su cara, sus manos, y empezaban a quemarle. El clima británico hacía que el sol saliese tímidamente entre las nubes, y su edad y la sangre que le había dado poder, hacían que fuese un proceso aun más lento y doloroso, pero no iba  a dejar escapar un solo sonido. El era Jharel, Argos y aceptaba el dolor como castigo a su renuncia de este mundo...

     

    De pronto, una delicada mano enguantada tocó su hombro...

     

    - Jharel... no.

     

         

    Comments

    Please wait...
    Sorry, the comment you entered is too long. Please shorten it.
    You didn't enter anything. Please try again.
    Sorry, we can't add your comment right now. Please try again later.
    To add a comment, you need permission from your parent. Ask for permission
    Your parent has turned off comments.
    Sorry, we can't delete your comment right now. Please try again later.
    You've exceeded the maximum number of comments that can be left in one day. Please try again in 24 hours.
    Your account has had the ability to leave comments disabled because our systems indicate that you may be spamming other users. If you believe that your account has been disabled in error please contact Windows Live support.
    Complete the security check below to finish leaving your comment.
    The characters you type in the security check must match the characters in the picture or audio.

    To add a comment, sign in with your Windows Live ID (if you use Hotmail, Messenger, or Xbox LIVE, you have a Windows Live ID). Sign in


    Don't have a Windows Live ID? Sign up

    Trackbacks

    The trackback URL for this entry is:
    http://reajharel.spaces.live.com/blog/cns!1510D8E96086E238!383.trak
    Weblogs that reference this entry
    • None