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Tras el velo de la luna oscura...

Si uno muere... no habrá más...
October 02

Despertar

Agryus Vlasi se arrastraba torpemente por los túneles de la fortaleza, en Hungría. Por primera vez en mucho tiempo sentía autentico terror.

En la última semana habían caído dos de las más antiguas casas Remotas sin quedar un solo superviviente.

Primero se pensó que era una maniobra de los Ajenos, en respuesta al acoso sufrido tras comenzar la última Guerra de las Sombras. Pero hace dos días una noticia venida de Moldavia sembró la desconfianza y el miedo entre los suyos... Una letra, un simple garabato trazado en una pared, firmando un baño de sangre.

Nadie vio venir el primer embiste, ni siquiera Titian con toda su vanidad, que ahora yacía ciego y moribundo en la sala principal. El único superviviente junto a él mismo, que se había deslizado cobardemente por uno de los pasadizos que normalmente usaba para acudir a informar a Caylus.

Era un laberinto de pasillos que el conocía bien, y que guardaban en su interior uno de los mayores secretos de los Remotos. Una sala con los talismanes y grimorios mas antiguos y poderosos, arrebatados en otros tiempos a distintos enemigos de las casas, junto a redomas con su sangre, y ocultos para seguridad de la raza.

Se detuvo a pocos metros de la puerta entreabierta, maldiciendo al ver la luz resplandeciente que se escapaba por el quicio...
Una figura salió de ella, cuyos ojos parecían ser el origen de la luz, y caminando despreocupadamente se paró frente a él...

  • Saludos Agryus, ha pasado mucho tiempo, ¿no es así?...

El terror le paralizaba por completo, hasta el punto que le costaba asentir con la cabeza.

  • Vas a llevarle un mensaje a tu amo, por una vez vamos a saltarnos las formalidades, ¿te parece? Quiero que le digas que la guerra empieza ahora, y que esta vez no va a haber un solo superviviente, de ningún bando. Nadie a quien gobernar, ¿entiendes? Bien.

Entonces se agachó sobre el, y grabo con sus garras un símbolo en su frente... La letra, la temida letra...
No quisieron creerlo, pero ahora era totalmente real...

El Asesino había vuelto; Argos, y con el... la muerte silenciosa.

J.

July 28

El vuelo

Cansada de seguir siempre en el mismo lugar, con los mismos rodeándola… hastiada del olor de la sangre de los mortales de Londres… no titubeó…
La ocasión se presentó, y salió dejando atrás, por unas horas, la opresiva casa llena de dolor y de certezas…


Hacia mucho tiempo q no abatía sus alas bajo la noche de aquella ciudad en la q siempre parecía llover… hacia muchas noches q no disfrutaba del vuelo por el solo hecho de q le provocaba placer… hacia demasiado tiempo q no sentía q podía amar algo… incluso el amor incuestionable hacia lo único q le importaba, se había ocultado bajo cicatrices en el alma…

Pero esa noche fue diferente…

Miró al cielo, oscuro, inmenso, y dejó q la lluvia arrancara el dolor de su alma… se abandonó a las gotas q recorrían su cara, sus manos, su pelo y la cicatriz q un antiguo amor le había regalado… dejó q la transformación fuera completa…


Arrancó su capa, dejó q los minutos bajo la lluvia cubrieran completamente las alas q, mojadas, podrían ser inservibles… pero su fuerza, no era como la de una mariposa q, humedecidas sus alas, no podía con el peso… era Rea, una de las Remotas más poderosas q aún quedaban con vida… y sus alas podían con mil tempestades…
Se abrieron y sus ojos se inyectaron en sangre…
Inició un vuelo rápido y preciso… inició un baile con la lluvia… se sentía tan libre e invulnerable q no creía q nada le pudiera hacer daño…

Algo golpeó su pecho… tardo menos de un segundo en ponerse en guardia… sus colmillos y sus garras brillaron por un segundo… allí no había nada, nadie más…
Pero algo le hizo daño…

Durante unos momentos se mantuvo alerta…
No veía nada… no olía, no veía… pero había algo… podía sentirlo…
Decidió descender…
Su capa había desaparecido…
Profundamente alterada, comenzó una búsqueda inútil… la capa no aparecería más.
Replegó sus alas y regresó.

Cuando iba a atravesar la puerta de Nenged, algo rozó su cara…
Escuchó una risa y al volverse, unos ojos q nunca había visto la desarmaron…

Desde aquel momento nada sería igual…

Pareció oír un susurro… pero la risa se había perdido en las sombras y allí no había nadie.
Entró en la casa y Maglos estaba levantado…

  • ¿Dónde estabas?
  • Volando…
  • Pareces nerviosa…
  • Creo q he visto algo, pero no sé q era… no sé quién era…
  • ¿Podría ser a la q he estado buscando?
  • Podría… pero no estoy segura… me ha seguido, me ha robado y me ha dejado en paz…
  • Siempre piensas q todos quieren hacer daño…
  • Todos hacemos daño…
  • Quizá sea una aliada…
  • Quizá no sea ella…

Rea sabía q no era ella…
Pero no sabía quien era…

Aquellos ojos la alteraron demasiado… en cuanto Maglos se recuperara, abandonarían Londres para no regresar en una larga temporada…

No tenía miedo a lo q había visto… tenía miedo a lo q había sentido.

R.

June 20

El Sueño

Swartalm, "El Guardián", miraba al frente envuelto en su armadura de Nauryl, el preciado metal negro-azulado que las gentes de su pueblo llevaban utilizando desde más tiempo del que nadie podría recordar. Su mano sostenía la espada de doble filo por la que se había derramado la sangre de mil enemigos, y sobre sus hombros, colgaban las trenzas que marcaban esas vidas, un nudo por cada victoria.

 

A las espaldas del temible guerrero, las puertas que tan celosamente custodiaba daban paso a la Ciudad Azul, y hoy precisamente debía estar mas atento que de costumbre, pues era un día especial...

Hoy se celebraba la asamblea que decidiría el destino de dos reinos enfrentados.

 

Mitya se extendía imponente entre el mundo físico y el etéreo, en la frontera entre el sueño y la vigilia, y por ello era el lugar adecuado para tal evento. Aunque tampoco había que olvidar, que los dos reinos llevaban siglos intentando conquistar la ciudad sin éxito, y cualquier descuido podía significar un error.

 

A través de la ventana de la más alta torre, se podía ver a los componentes de la asamblea.

 

A un lado, a veces rubia, a veces morena, se hallaba una mujer cuyo rostro cambiaba a la misma velocidad que su cabello. Su poder y su reino provenían de la Luz, y sus actos provocaban el bien; aunque no siempre, pues la crueldad y el dolor estaban ligados a ella.

Olía a primavera y a otoño, a hojas caídas y a manantiales de las Altas Montañas. Suyo era el poder de una diosa, lo cual la ponía por encima de razonamientos mortales. Era vida, era amor; era locura  y capricho. Era amor y dolor.

 

Delante de ella, sosteniendo su mirada cambiante, se hallaba otra mujer, que cualquiera podría haber confundido con su hermana. Su cabello era rojo, o mas bien el fuego se movía dentro de el, y la envolvía un manto de sombras que bailaban a su alrededor. Su olor era el de la incertidumbre y el miedo; el de las casas abandonadas e inviernos desolados y el del éxtasis de los amantes.

Era el odio, la furia desatada; la carcajada histérica... la sombra del miedo. Era el mal.

 

En el centro, una figura encapuchada estaba a punto de condenarse. No se puede mediar entre dos poderes tan intensos sin perder algo a cambio, y el lo sabía...

 

Su mirada azul que le identificaba como hijo de Mitya, se perdía en su cabeza mientras esperaba, paciente e incorruptible, las palabras de sus acompañantes.

Quizá hubiese preferido otro destino, de haber podido, pero nada podía cambiar su posición. Pues el era "El Juez", y su función era la de impartir veredicto y castigo sobre todo caso que influyese directamente sobre los terrenos que delimitaban la realidad, donde Mitya era eterna.

 

Su poder era extraño, pues solo se mostraba una vez dictaba su sentencia, y aunque era en verdad enorme, se preguntaba si sería suficiente para enfrentarse a cualquiera de las criaturas que ante el se hallaban... Solo esperaba que fuese suficiente como para salvar a su pueblo de la desgracia que parecía cernirse de un momento a otro, y librar a las almas de sus ciudadanos del tormento que sin duda les esperaba.

 

Si tan solo hubiese podido hablar antes con la Reina, haber trazado un plan. Quizá la respuesta estuviese en la vigilia...

Ahora pensaba en la Reina, en el Salón central, muchos metros por debajo de el; en lo que podría haberle dicho, a solas, antes del final...

 

Pero tenía un plan; loco, pero era algo... Aunque podría significar la destrucción de la ciudad si se equivocaba.

 

La ceremonia dio comienzo, y al levantar la vista, el soñador vio su rostro salir de la capucha...

 

 

y Jharel despertó, con los ojos saliéndose de las orbitas, empapado en sanguinolento sudor, pues conocía los rostros que había visto en el sueño, y recordaba algo... algo lejano, antiguo... que podría cambiar radicalmente todo cuanto creía...

 

Miró sus manos, donde descansaban la pluma y el papel, y la carta a  medio escribir, y se puso manos a la obra...

May 04

Protección

No sé q ha sucedido, no sé cómo, ni cuándo… no entiendo las razones, no entiendo el por qué, el momento, este lugar, este estado mental en el q me hallo después… no entiendo…

 

Las palabras se quedan cortas… desearía poder dibujar todos y cada uno de los acontecimientos de lo sucedido… poder ser capaz de elegir la palabra, la imagen correcta… pero es tan… cuesta tanto…

 

Otra vez Maglos.

Otra vez me preocupo de él más q de mi misma… pero no puedo hacerlo de otra manera… es mi deber, es el único sentimiento q permanece inalterable pese a todo: protegerle.
¿Cuanto tiempo llevo así?
Ya no importa…

 

Las luces de la noche no iluminan, y cuando él regresa llora en mis brazos…
El amor puede ser la peor sensación del mundo.
Pero eso no suele doler: lo q duele es q no te quieran…
Ella quizá no es consciente de lo q sucede cada vez q se cruzan… no creo q le importe… o quizá le gusta este juego…
Y yo solo sé de protección… la única manera de consolar su dolor es protegiendo su cordura…
Me da tanto miedo q ella descubra quién es…
Podría saberlo, podría ser un juego perverso, en el q la perturbación fuera su arma… y la huída su defensa…
Pero no puedo tolerar q siga haciéndole esto… no puedo.

 

Esta noche, él dormirá, exhausto, y yo, q no suelo salir de esta casa de maniacos, abandonaré a mi resquebrajada familia por unas horas, e iré en su busca.
Iré al encuentro de aquella q me hace proteger aún más al niño q aún vive en el asesino de Él…
Y la mataré… acabaré con su vida, como tantas veces he hecho ya…

 

 

Es terrible enamorarse…
Es terrible no decirlo.
Es terrible q no lo sepan…
Es terrible amar y no poder compartirlo…
Es terrible asesinar al ser q no hace feliz a quien más quieres…

 

 

La venganza tiene sabor a dolor…
La venganza resquebraja el alma.

 

La venganza se justifica en la protección.

 

R.

 

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April 18

El acantilado y la muerte...

  

Estaba sentado en el acantilado, con la vista en algún lugar de las estrellas, y su pensamiento se perdía en ellas.

Llevaba "vivo", por llamarlo de alguna manera, más de quinientos años, aunque su memoria cambió el origen de su nacimiento al año de nuestro señor 1108, cuando fue convertido en vampiro en contra de su voluntad.

 

El mar se estrellaba a unos veinte metros por debajo de sus pies y Jharel, o Argos, o quienquiera que fuese antes de todo eso, esperaba...

 

Imágenes de toda su vida danzaban delante de sus ojos. Momentos para recordar, y otros para olvidar.

Recordaba vagamente a sus hijos mortales, su vida humana, los días bajo el sol. Días felices, quizá, como los que pasó en una extraña cabaña, en medio del bosque, junto a Sybil, la que prefirió aceptar la vida "finita" que poseía en lugar de la eterna oscuridad.

 

Hacía horas que la hoguera se había apagado, pero no sentía frío. No sentía nada...

Para él, la existencia era un juego. Su juego. Donde vivía aventuras, exploraba los lugares más recónditos del mundo y donde cumplía una función.

Pero ya no era así...

 

En las últimas semanas, su juego había derivado en un victorioso ataque contra su persona, y lo que es peor, eso había provocado la captura, y posible tortura o incluso muerte, de su más fiel amigo. Cedric, el maestro del violín, un error imperdonable que no debería haber ocurrido jamás.

 

La culpa le corroía, y el cansancio...

Cansancio.

Puede que esta vez más que nunca, entendiera esa palabra. El cansancio de su espíritu...

Mientras él intentaba encontrar a Cedric sin el menor éxito, una guerra en las sombras estallaba por toda Europa guiada por una mano invisible, al igual que antaño.

Iba a haber sangre, mucha; y no se veía tan seguro de poder con todo. No se veía capaz de proteger a la gente que apreciaba, no se le ocurría por donde empezar...

 

Rea... Ojalá pudiese sacarla de todo esto, pero parecía que ella era, precisamente, una de las partes realmente implicadas. Su padre quería matarla, su antiguo amor casi lo consigue, y sus nuevos enemigos preparan el siguiente ataque.

 

Sus cartas habían sido un bálsamo todo este tiempo. Había recordado la importancia de las palabras, y descubierto que hay lazos extraños como el mundo. Por no hablar de esa misteriosa "fuerza" que les unía en la noche, con sus incomprensibles señales...

 

Y allí, envuelto en su gran capa negra, inmóvil mientras el viento apartaba los oscuros cabellos de su pálida tez, pensó en ella: ¿Donde estaría ahora? ¿Por qué no había llegado aun su carta? ¿Estaría bien?... Sí, de no ser así el lo habría sabido al instante, estaba seguro... ¿Lo sabría ella en caso contrario? Suponía que sí, y se odió por lo que estaba a punto de hacer.

 

Mientras el cielo adquiría un tono purpúreo pensó en la caja que había dejado encima de su mesa; Hermes haría que llegase hasta ella. Dentro había una disculpa, hábilmente escrita, como a ella le gustaba...

Había también un libro, escrito por él; contenía direcciones, nombres de vampiros y humanos de diversas ocupaciones, datos de interés y localizaciones de lugares inencontrables. Otro libro debajo, escrito en piel de distintas procedencias por muchos autores, con hechizos y sortilegios útiles.

Y por último, el puñal de la Lluvia Eterna, con el que había sido herido un tiempo antes, y todas las cartas que ella le había enviado, para que las guardase junto a las suyas, a salvo del tiempo.

 

Pensó en el futuro de lo que podría haber sido todo, de no haber guerra; de no ser uno de los principales objetivos; de no traer la desgracia a quien estaba cerca de él; de no haber perdido tanto de si mismo, pero lo desechó de inmediato. La noche daba paso al amanecer...

 

Permaneció inmóvil mientras los primeros rayos de sol tocaban su cara, sus manos, y empezaban a quemarle. El clima británico hacía que el sol saliese tímidamente entre las nubes, y su edad y la sangre que le había dado poder, hacían que fuese un proceso aun más lento y doloroso, pero no iba  a dejar escapar un solo sonido. El era Jharel, Argos y aceptaba el dolor como castigo a su renuncia de este mundo...

 

De pronto, una delicada mano enguantada tocó su hombro...

 

- Jharel... no.

 

     

March 17

Dibujos

Quizá debiera haber intuido todo, pero me resultó imposible… y ahora… ya no creo q haya marcha atrás.

 

Ha pasado un mes, y no recibo respuesta…

Puede ser q la carta no haya sido entregada.

Puede ser q la carta no haya sido bien encajada.

 

Maglos está menos distraído, pero sigue mostrando un comportamiento, q en ocasiones no logro entender…

Y yo, q creía q ya era invulnerable a todo, me hallo como perdida, acariciando la cicatriz q una vez me resultó terrorífica, cuando no sabía como detener la sangre q manaba de ella.

Duelen mis manos, y duele mi alma.

Duelen las noches en las q el silencio de vuestras palabras me golpea.

 

Sólo he recibido un dibujo q me ha entusiasmado tanto… eso es lo único q tengo ahora mismo.

Es lo único q me deja aferrarme a q aún seguís ahí.

 

Pero debéis decirme más, debéis contarme q está sucediendo… debéis decirme hacia q lugar va todo esto.

Debéis decirme q puedo hacer. Debéis decirme si me ayudareis a acabar con el hombre q ahora es un Ajeno… ese q me causo más dolor del imaginable… debéis decirme cómo pararlo, debéis decirme el por qué de una herida cicatrizada q aún parece abrirse si paso mis manos por ella.

Debéis decirme cómo se pasan las noches sabiendo q él quiere verme muerta.

 

Debéis decirme, cómo, desde q no oigo su música, parece q vive dentro de mi.

 

Me gustaría ver esa capacidad q tenéis para plasmar la realidad en dibujos para tener junto a mi, todos y cada uno de los retratos de las personas q han formado parte de mi, incluso ahora, incluso vos.

E incluso esa niña, Siria, a la q por motivos q no entiendo no tolero, incluso a esos q nos causaron dolor…

 

¿Haríais eso por mi?

¿Dibujaríais el dolor, el amor y la noche?

 

Escribidme pronto.

Echo de menos vuestras palabras.

 

R.

 

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February 28

El Encuentro I

Levantó la vista hacia el cielo y observó la vieja constelación de Orión.

El traqueteo de la carroza le impedía relajarse, no le gustaba pasar tanto tiempo sentado... Hubiera preferido ir por su cuenta, pero no quería separarse de la muchacha, pues bastantes desgracias le habían ocurrido ya.

Adoraba el viento contra la cara, la libertad que le confería su capacidad de burlar a la gravedad era lo que mas amaba de su condición. Estar encerrado allí, sin poder moverse, no le hacía demasiada gracia.

En aquel momento, echó de menos poder anotar algunas de las ideas que le pasaban por la cabeza. Imágenes que dibujar; frases que le servirían para futuras creaciones...

Luego pensó, que aun teniendo pluma y papel, le hubiera sido imposible con el balanceo, y  que deberían inventar algo para solucionarlo.

Ella le esperaba... La carta habría llegado como siempre.

Había recorrido cientos de kilómetros y por fin iba a llegar ese momento ansiado...

No era exactamente como lo había imaginado. Durante el tiempo que hacía que la conocía, siempre había pensado que se verían en alguna ciudad acogedora, ya sin preocupaciones, con tiempo de sobra para conversar, y conocerse bien.

Era cierto que las circunstancias no eran las mejores, pero no podía reprimir la alegría que sentía de encontrarse por fin con Rea.

Rea, la vampira que escribía con su sangre en las ventanas de toda Europa, y a la que, por algún motivo que no entendía, se hallaba ligado.

Tenía miedo a romper la magia que desprendía esa unión. Miedo a que no fuera real; a no saber como actuar o qué decir...

Pensaba en las señales, en el tiempo que hacía que se escribían, y en todas las cosas que habían pasado por sus vidas desde entonces...

Faltaba poco.

Permanecería tres noches en la ciudad, junto a ella, preparándose para enfrentarse al juego que Caylus había dispuesto.

(...)

La noche comenzó a extinguirse en el mismo instante en que Jharel puso un  pié en el suelo . Un kilómetro antes, Siria y Hermes se habían apeado en la casa en la que pensaban quedarse hasta la partida. Estaba solo.

Caminó hasta el exterior, alejándose del patio donde el cochero esperaba ordenes. La mañana era fría, pero con cierto aire primaveral, el tiempo estaba de su parte...

Entonces vio un coche acercarse, y en el, una figura femenina con un velo oscuro. Su pelo era, quizá, mas corto que como recordaba... pero era ella.

Se apeó con calma del carruaje, y levantó la vista sorprendida cuando le oyó acercarse. Sus miradas se encontraron...

Al pronto, los dos sonrieron con una alegre timidez, mientras él se inclinaba haciendo una pequeña reverencia, y ella le tendía su mano.

El amanecer continuaba su inexorable paso, y los primeros rayos de sol crecían desde el horizonte.

Con un gesto, Jharel despidió a su cochero mientras se subía en el carruaje oscuro de Rea. Debían encontrar un refugio cuanto antes...

La inquietud, los temores, estaban desapareciendo por momentos, expulsados por una sensación familiar, como la que envolvía sus escritos. Una sensación de calma mutua, propia de almas reencontradas.

Pasado un rato, en la seguridad de la casa de Rea, nadie que los hubiera visto habría creído que hasta esa noche jamás se habían visto o habían cruzado palabra.

Al menos, en el sentido estricto de la frase...

Saltaron de un tema a otro y pronto olvidaron las formalidades, tratándose del modo en que se tratan los que hace tiempo que se conocen...

Esta vez, la distancia desapareció de verdad... como si nunca hubiese existido...

J.

February 04

Maglos

Tras enviarle la última carta a su viejo amigo, se quedó tranquila y pensó en la facilidad con la q le contaba cosas de un pasado q no había querido revelar antes…
No llegaba a entender el por qué de tan extraña empatía.
Quizá se debiera a q él, una vez le salvó la vida.
La primera vez q tuvo conocimiento de q seguía sus pasos y velaba por ella.

Se refugió en ella misma y dejó q a su mente llegaran una y mil imágenes de aquel pasado q poco a poco estaba ocupando demasiado lugar en el presente.
La eternidad…
Una eternidad por delante podría esperarla… pero a menudo se preguntaba si todo aquello merecía la pena… se hacía una y mil preguntas sobre ella misma, sobre lo q había llegado con ella hasta ese presente… había arrastrado a numerosos compañeros, amigos y enemigos… todos como ella, todos eternos… pero algunos no debieron pasar nunca por su vida… algunos no deberían haber conocido los secretos de noches en las q se encontraba consigo misma y con el sabor de la sangre…

Maglos…
El sentido y el motivo desde q apareció junto a ella.
Intentó no entrometerse demasiado en su manera de hacer las cosas, pero poco a poco, sin entenderlo, el sentido de su vida se fue convirtiendo en el sentido de toda una especie q ahora parecía amenazada…
A veces, las palabras de la médium se revelaban en él…
“Él cambiará la noche”.
Quizá no habló nunca de Maglos…

Estaba exhausta y ya no tenía necesidad de perder el tiempo en deambular por las calles… Venecia era demasiado fría, demasiado predecible…
Había llegado buscando al hombre q una vez le hizo desafiar a todo, a todos, y ahora, aquel músico q no aprovechó para matarla cuando pudo, ahora, era uno de sus peores enemigos… un enemigo q dejó de ser hombre para convertirse en un Ajeno, ese ser q dio vida a Maglos…
Y no era capaz de encontrarle, quizá, en realidad, no quería…

Maglos, de nuevo, apareció diferente… ya no sentía ningún respeto por nada… continuamente se encontraba en un estado lamentable, en algún tipo de demencia progresiva q le iba haciendo olvidar q no podía revelar quien era…
Rea temía un encuentro con Carleas.
Él por supuesto no le reconocería, pero Maglos sí… y en esa especie de locura en la q se hallaba, era más q probable q intentara matarle… y Rea no podía impedirle q saliera a cazar, no podía evitarlo…

Intentó un pacto con el niño q dormía en la noche:

- “Si le traes de vuelta, haré lo q me pidas”
- “No puedo traerle… el hijo q tú conocías se quedó en Mitya”


Un estremecimiento recorrió su cuerpo.
Si estaba atrapado en aquella ciudad azul: ¿Quién era ahora el Maglos q había regresado al viejo palacio?

E.

January 22

Capturado

 

Cedric abrió los ojos. No mucho, solo máximo que le permitía la sangre seca que apelmazaba el pelo contra la cara. Echó un vistazo...

 

La mazmorra era fría y gris, y la única ventana estaba demasiado alta, seis pies por encima del cabeza de un hombre de estatura media, erguido. De todos modos, pensó que tal cosa era irrelevante, ya que se hallaba de rodillas en el suelo, con los brazos encadenados a la pared de piedra.

 

 

Intentó recordar como había llegado allí. Todo estaba confuso. Recordó ir a abrir la puerta del pequeño castillo de Jharel, y el grito de advertencia de este, unos segundos demasiado tarde, antes de que el hombre de la ballesta le acertase, de pleno, en el hombro.

 

Después de eso, perdió el sentido, que solo recuperó un momento, cuando alguien le alzó del suelo y lo depositó en el carromato, pero para entonces el castillo ya estaba en llamas.

 

 

Se preguntó si sería posible que Jharel hubiese muerto al fin, tras tantas aventuras a su lado. El corazón se le encogió, pues para el era más que su amigo, casi un padre, que le había criado desde niño.

 

No. No dejaría que esa idea se hiciese fuerte es su mente. Esperaría. Sabía que vendría a por el. Solo deseo que pudiese llegar a tiempo, pues si había de morir, siempre había pensado que podría despedirse de su hija Siria. Tenía tantas cosas que decirle...

 

 

De pronto, un ruido de goznes chirriando, y el portón de madera se abrió para dejar paso a una figura encapuchada. Una mujer. Una vampira...

 

-                  Saludos... – Siseó con una malévola sonrisa que le puso los pelos de punta. – Tu debes de ser el que llaman el Maestro del Violín, ¿no?, el perro humano que acompaña a Argos, o Jharel o como quiera llamarse ahora, en sus viajes, según he oído. Bien, he de decirte que voy a matarte... – En ese momento retiro su capucha, dejando ver a una bella mujer rubia de piel marmórea que no aparentaba tener más de veintiséis años.- Habrás notado que no puedes hablar, y mucho menos gritar, aunque por supuesto nadie iba a oírte... – Sus ojos brillaron con la intensidad de dos llamas.- Si te preguntas por que te he mantenido con vida hasta ahora, solo ha sido porque prefiero arrancarte la información que puedas poseer con mis propios métodos.

 

Cedric sintió que su hora había llegado al fin, y no podía explicar el terror que le producía esa mujer, que no dejaba de ser hermosa aun cuando abrió las fauces dejando ver sus enormes colmillos.

 

Al momento notó como su piel se desgarraba y un torbellino de imágenes paso por su cabeza. Y la noto a ella, allí con el, dentro de su cabeza. La sensación era casi placentera, no podía resistirse, pero sabía que algo estaba mal.

 

Ella recorría su memoria, todo su pensamiento, buscando a Jharel, y encontrando más de lo que esperaba... 

 

La chica, Rea, y la mención de un posible hijo, ¿un híbrido?. Esa parte no estaba clara. Continuó...

 

La ciudad perdida.

 

Y algo más, un ser de increíble poder, alguien cambiante, cerca de Jharel. Necesitaba mas información de todo ello, pues trastocaba en gran medida sus planes.

 

Cuando estaba a punto de acabar con la vida de Cedric, algo la hizo cambiar de opinión. Paró de beber, y lamió su herida para cerrarla. Quizá le fuese útil... sí... Lo pensaría, hacía tiempo que no tenía una mascota en condiciones...

 

Le apartó a un lado, con desprecio, y desapareció con celeridad.

 

 

Ahora estaba solo, terriblemente débil y temblando. El no había podido ver nada claro durante el contacto mental, pero si descubrió su identidad, y eso le aterrorizó de verdad... Pues era un nombre muerto y olvidado hacía casi trescientos años...

 

Mergabath...

 

J.

Fuera de Cartas

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"... y allí estaba Rea, con los ojos perdidos en el horizonte estrellado que se abría ante ella, tras leer la última carta, sola ante la infinita inmensidad de la noche... pensando, esperando, siempre esperando..."... Mientras tanto, en algún lugar, una sombra escala la pared escarpada de una montaña a grandes saltos. Solo detiene un segundo su afanosa carrera, cuando un escalofrío le hace girar la cabeza, e hipnotizado contempla la vieja constelación, que esta noche brilla mas que nunca...

18/01/2006 16:00

 

 

Besos desde el otro lado, donde junto a Cedric, y su hija, Siria, haremos una parada. Esta noche. Antes de proseguir a la caza de Hartan...

21/10/2005 22:37

 

 

Jharel espera instrucciones de qué hacer

29/07/2005 14:15 

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December 19

Strumica

Intentaba dormir, ausente, mientras su mente estaba en uno de esos lugares en los q nunca había sabido cómo llegaba.

Los últimos días habían supuesto un cambio inesperado en todo su ser…

Ya no tenía sentido nada de lo q quería hacer, nada de lo q había amado… ahora, el tiempo carecía de toda lógica… se preguntaba si ser lo q era podría haberla condicionado durante toda su existencia… al final, había visto el sol… pero el color q quedaba ahora en sus ojos… no le gustaba… aborrecía el dolor q le había causado…

 

Strumica, ciudad pequeña, oscura y olvidada.

Olvidada como ella, olvidado como debería estar él.

El motivo de su viaje.

Maglos a veces la espía, ella prefiere q lo haga… es más fácil q comprenda su dolor, para poder convertirlo en su fuerza.

Ella, él y Maglos.

Strumica y la espera de una carta.

 

Su mente ha experimentado tanto q no era capaz de controlar q cree haberse encontrado, pero quizá se haya perdido.

 

El dolor le duele, la sangre la llama.

Una chica muere.

Y unas manos acarician estupefactas la herida q él mismo pareció cerrar… frente a ella un niño pálido con mirada de ser más antiguo q el mundo.

La vuelve a mirar, fijamente, midiendo su velocidad para cerrarle su intromisión en su mente… pero ella no quiere hacerlo… q lea, q sepa, q entienda…

 

E.

December 03

La espera

Con los ojos enrojecidos tras los mechones negros que caían sobre su cara, el vampiro recorría la habitación, de un lado a otro, con gestos felinos. De pronto se detuvo, cesando el ondulante movimiento de su capa negra y manifestó, a sus dos interlocutores, su decisión de partir esa misma noche.

 

Su nombre era Jharel, o así se hacía llamar desde hacía tiempo.

 

Jharel... Ella le había dado el nombre. Su regalo a unas palabras amigas, que la habían encontrado en una noche oscura y sombría. Regalo que el acepto de buen gusto, y portaba con orgullo. Ahora pensaba en ella... Rea.

 

Hacía demasiado tiempo que no sabía de ella, desde que en su última carta, anunciaba que había llegado a Mytia, la ciudad perdida de las leyendas.  En ella le contaba las increibles situaciones en las que se había visto envuelta, al poco de llegar, y de los extraños seres que habían encontrado. Eso aumentaba la preocupación de Jharel.

 

¿Qué podría haberle ocurrido? Nunca se retrasaba en sus envíos.

 

Cedric, el maestro del violín; su fiel amigo humano y Hermes, amigo y maestro de armas, se apresuraron a intentar disuadirle.

 

Jharel apenas les oía, pensaba en Rea. Su relación se basaba en escritos. En palabras, enviadas a través de la distancia. Hacía años que la llegada de una nueva carta, transmitía la misma sensación que un abrazo. Ahora se daba cuenta de que quizá, necesitaba esas cartas mas de lo que imaginaba... esas puertas a otro lugar, esa mano que se abría para el, desde el otro lado de la realidad. Esa alma, que le fascinaba al tiempo que le infundía respeto; que le resultaba terriblemente familiar; y con la que sentía un lazo, que de algun modo, unía sus destinos.

 

Mientras bajaba las escaleras, haciendo caso omiso de sus compañeros, unas voces anunciaban la llegada de Siria, la hija de Cedric. Venía a caballo y exhausta.

 

Traía un sobre en la mano, cuya visión apaciguó los nervios de Jharel.

 

La carta había llegado...

 

J.

November 20

Prólogo al infinito

Había una vez una niña asustada, enferma y con un dolor inmenso en el alma.

Lanzó un mensaje desesperado y solo una persona fue capaz de entenderlo...

Sus ojos se abrieron desmesuradamente dejando caer unas lágrimas... había alguien q entendía lo q quería decir, había alguien q lo había leído, q lo había encontrado... q le había dado un segundo de tranquilidad en semanas de angustia.

 

Y de la nada, de la desesperación y del dolor, emergió una sensación de estar haciendo lo correcto, de tener en sus manos la obligación de iniciar un camino q llevaría a la creación de un mundo q hoy se le presentaba infinito...

Y llegó Jharel y Rea, y con ellos todo el universo q se condensa y se expande dentro y en torno a ellos...

Y llegaron los Remotos y los Ajenos, y los Dadores de Luz y...

 

A lo mejor siempre estuvieron ahí, solo había q devolverlos aquí.

 

El mundo es más fácil si ellos regresan a su lugar, el mundo es más bonito si esa niña se convierte en co-autora y en lectora a la misma vez...

 

El mundo merece la pena si...

E.  

 
 

"Tuve la sensación de q me esperaba uno de los viajes al interior de mi misma más intensos q jamás tendría."

Rea.

November 15

Un prólogo, por ejemplo...

Es difícil intentar escribir un prólogo, sobre algo que no sabes como va a continuar. Y no es que no haya nada pensado; pero desde luego no hay todavía un nudo y un desenlace.

 

De lo que si que puedo hablar, es de lo que impregna a las dos personas que colgarán sus ideas en este onírico paraje, y que estoy seguro quedará plasmado, de un modo u otro, para uso libre del espectador.

 

La sustancia a la que me refiero está, a su vez, compuesta por una serie de elementos, altamente reactivos, en criaturas cuya alma vive, por igual realidad, el reino del sueño y el de la vigilia.

 

Tales elementos, o al menos algunos de ellos, podrían ser:

 

La pasión por las historias, y por las palabras que las cuentan;

 

la noche y su oscuridad, y las criaturas nacidas bajo la atenta mirada de la luna;

 

la capacidad de ver el horizonte... y las estrellas, y mas allá, mucho más;

 

la sed de espíritu, y sus escarceos amorosos con la bella melancolía;

 

y...

 

la habilidad para viajar sobre las melodías, hasta donde quieran llevarte.

 

Ya sabéis, el tipo de cosas que la gente se olvida en los sitios mas inesperados... 

  

La esencia que, en ocasiones, guía nuestras manos para plasmar; mediante palabras, dibujos o música, esas percepciones que pugnan por salir de la cabeza, el corazón, o el estómago.

 

Así que os digo, ojos viajeros que leéis estas líneas; que si decidís volver a pasar un rato junto a nosotros, sabed que sois bienvenidos, junto a vuestras palabras.

 

Acomodaos, subid la música, y solo por un momento; dejad atrás la realidad y su velo a lo desconocido, saboread el encuentro con la noche, y dejaos caer en los brazos de la bella e inmortal Rea, y de Jharel, el reparador de sueños rotos...

 

 

J.

 

Jharel y Rea

Occupation